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Antes de que fallen los recuerdos, el cerebro podría
estar perdiendo su “aislante”, la mielina: una señal temprana y silenciosa del
alzhéimer.
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| Representación de neuronas recubiertas por mielina y oligodendrocitos (en tonos brillantes), células responsables de formar esta capa aislante que ayuda en la trasmisión de señales. Fuente: Bhautik Patel/Unsplash |
Durante mucho tiempo hemos pensado que el alzhéimer
comienza con los olvidos. Con nombres que se escapan, conversaciones que se
desdibujan o lugares que dejan de ser familiares.
Pero cuando estos síntomas aparecen, el cerebro lleva
años cambiando en silencio.
Durante décadas, la investigación se ha centrado en
dos grandes protagonistas: la beta-amiloide y la proteína tau.[1] La
beta-amiloide es una cadena de aminoácidos que forma placas que se acumulan en
el espacio que hay entre las neuronas, mientras que la proteína tau genera
ovillos en el interior de estas. Estas alteraciones son dos de las huellas más
conocidas del alzhéimer.
Sin embargo, cada vez hay más indicios de que estos
dos factores no cuentan toda la verdad sobre esta historia. Hay otra pieza del
puzzle, mucho menos conocida, que podría estar implicada desde etapas muy
tempranas: la mielina.
El “aislante” del cerebro
Para entender qué es la mielina, basta con imaginar un
cable eléctrico.
Los cables que usamos a diario están recubiertos por
una capa de plástico que evita pérdidas de energía y permite que la
electricidad viaje de forma eficiente. En nuestro cerebro ocurre algo parecido.
De manera similar, las neuronas (las células
encargadas de transmitir información) están recubiertas por una sustancia
llamada mielina que actúa como aislante. Esto permite que las señales
eléctricas viajen rápido y sin interferencias. Gracias a la mielina podemos
pensar, recordar, movernos o tomar decisiones en cuestión de milisegundos.
Pero ¿qué ocurre si ese “aislante” empieza a deteriorarse,
como ocurre en la esclerosis múltiple? La comunicación se vuelve más lenta y
menos precisa. Es como si los mensajes llegaran con retraso o distorsionados. Y
eso, en un sistema tan complejo como el cerebro, puede tener consecuencias
importantes.
Un daño difícil de ver
En los últimos años, distintos estudios han sugerido
que la mielina podría verse afectada en fases tempranas del alzhéimer, incluso
antes de que los síntomas sean evidentes.[1]
Sin embargo, estos cambios no son fáciles de detectar.
Aunque las técnicas de imagen cerebral permiten observar el cerebro sin
necesidad de cirugía, no siempre captan alteraciones sutiles en la mielina, por
lo que gran parte de este daño puede permanecer oculto.
Aquí es donde entra en juego una nueva generación de herramientas.
Una forma de hacer visible lo invisible
Algunas técnicas de imagen, como la tomografía por
emisión de positrones (PET, por sus siglas en inglés), utilizan pequeñas
moléculas que actúan como “marcadores”. Una vez en el organismo, estas moléculas
viajan por el cerebro y permiten detectar determinados procesos biológicos. En
este caso, se ha optimizado un marcador capaz de señalar zonas donde la mielina
esté dañada. [2]
¿Cómo lo hace? Aprovechando un detalle curioso: cuando
la mielina se deteriora, deja expuestas ciertas estructuras que normalmente
están ocultas. El marcador se une a ellas y genera una señal detectable.
Es, en cierto modo, como si el cerebro revelara con
tinta invisible las zonas donde algo empieza a fallar.
Más que placas y ovillos
Los primeros estudios con este tipo de herramientas
muestran que es posible detectar cambios en el cerebro asociados al alzhéimer
en regiones donde la mielina es abundante.[3]
Esto refuerza una idea que está ganando terreno: el
alzhéimer no es solo una enfermedad de acumulación de proteínas, sino también
un problema de conexión.[4]
Las neuronas no funcionan de manera aislada. Forman
redes complejas y su eficacia depende de que las señales viajen correctamente.
Si la mielina falla, esas redes empiezan a perder eficiencia, aunque las
neuronas sigan presentes.
Es como tener una ciudad con carreteras dañadas: los
edificios siguen ahí, pero el tráfico ya no fluye igual.
Por qué esto importa.
Entender mejor el papel de la mielina abre nuevas
posibilidades.
Por un lado, podría ayudar a detectar el alzhéimer en
fases más tempranas, cuando los cambios aún no son evidentes a nivel clínico.
Por otro, permitiría seguir la evolución de la enfermedad de una forma más
precisa.
También abre la puerta a nuevas estrategias
terapéuticas. Si parte del problema está en el deterioro de la mielina,
protegerla o repararla podría convertirse en un objetivo clave.
Y para eso, es fundamental poder medir qué está ocurriendo
dentro del cerebro.
Mirar donde antes no mirábamos.
Durante años, la investigación en la enfermedad de
Alzheimer ha estado guiada por unas pocas ideas principales. Gracias a ellas se
han logrado avances importantes, pero también se han dejado otras preguntas en
segundo plano.
Hoy sabemos que el cerebro es más complejo de lo que
pensábamos. Explorar nuevas perspectivas, como el papel de la mielina, no
significa abandonar lo anterior, sino completar el mapa, añadir piezas que
ayuden a entender mejor cómo empieza y progresa la enfermedad.
Porque, en ocasiones, las claves no están en lo que
vemos con claridad, sino en aquello que hasta ahora pasaba desapercibido.
Referencias
[1] Selkoe, D.J., Hardy, J. (2016) The amyloid
hypothesis of Alzheimer’s disease at 25 years. EMBO Mol Med 8,
595–608 doi: 10.15252/emmm.201606210.
[2] Brugarolas, P., Sánchez-Rodríguez, J.E., Tsai,
HM. et al. (2018) Development of a PET radioligand for
potassium channels to image CNS demyelination. Sci Rep 8, 607 doi:
10.1038/s41598-017-18747-3
[3] Dean DC 3rd, Hurley SA, Kecskemeti SR, et al.
(2017) Association of Amyloid Pathology With Myelin Alteration in Preclinical
Alzheimer Disease. JAMA Neurol. doi: 10.1001/jamaneurol.2016.3232
[4] Nasrabady SE, Rizvi B, Goldman JE, Brickman AM.
(2018) White matter changes in Alzheimer’s disease: a focus on myelin and
oligodendrocytes. Acta Neuropathol Commun. 6(1):22. doi: 10.1186/s40478-018-0515-3
Sobre la autora: Mariana Coimbra
de Almeida es investigadora predoctoral en el Laboratorio
de Radioquímica e Imagen Nuclear de CIC biomaGUNE en Donostia/San Sebastián.
Sobre CIC biomaGUNE:
Es una organización de investigación sin ánimo de lucro creada para promover la
investigación científica y la innovación tecnológica al más alto nivel en el
País Vasco, siguiendo la política BioBasque, con el fin de crear un nuevo
sector empresarial basado en las biociencias.
Un tema delicat, sembla que últimament estan fent alguns avenços.
Ni idea, tan siquiera de los nombres, es que uno se da cuenta de que no tene idea de nada ¡