21 julio, 2026

¿Cuánto vale un estrella (en una camiseta)?

Lo que la Copa del Mundo 2026 ganada por la Roja puede aportar a la economía española.

Rodri levanta la Copa del Mundial de Fútbol rodeado de sus compañeros.
Rodri levanta la Copa del Mundial de Fútbol tras derrotar a Argentina en la final. The White House

La euforia que este domingo ha inundado las calles españolas no es solo una cuestión de orgullo deportivo. Mientras los aficionados celebraban el gol de Ferran Torres que ha dado a España su segunda estrella, los economistas observamos un fenómeno que va más allá del césped: ganar la Copa del Mundo también mueve la economía. Aunque no de la forma en que suele imaginarse.

Ganar no es lo mismo que organizar

Cuando se habla del impacto económico del Mundial casi siempre se piensa en el país que lo organiza: estadios llenos, hoteles a rebosar, grandes obras. Sin embargo, los estudios llevan décadas enfriando ese entusiasmo. Las previsiones oficiales siempre prometen más de lo que llega: dan por hecho que cada euro gastado se convertirá en varios euros de ingresos… y eso casi nunca ocurre.

Las ciudades estadounidenses que acogieron el Mundial de 1994 esperaban ganar 4 000 millones de dólares y terminaron perdiendo hasta 9 300 millones. La aplaudida Alemania (2006) no logró reducir el paro en ninguna de sus doce sedes. En Sudáfrica (2010), cada turista extra que atrajo el torneo costó unos 13 000 dólares. Y Catar se gastó unos 220 000 millones de dólares (un año entero de su PIB ) en organizar, en 2022, el Mundial más caro de la historia.

Ganar es otra cosa

El campeón se lleva toda la visibilidad sin pagar la factura: hasta medio punto de PIB que viene de fuera. El estudio más completo hasta la fecha lo publicó en 2024 el economista Marco Mello.

Tras analizar datos trimestrales de la OCDE desde 1961, concluyó que el país que gana el Mundial crece, durante el medio año posterior a la final, casi medio punto más de lo que habría crecido sin el título (0,48 puntos porcentuales). Para España, eso equivale a unos 8 000 millones de euros. Eso sí, la alegría dura poco: hacia el tercer trimestre el crecimiento vuelve a su ritmo habitual.

Curiosamente, el impulso no procede de que los campeones consuman más, sino que viene de fuera: las exportaciones crecen entre cinco y seis puntos más rápido tras la victoria.

La clave es la visibilidad

Si la final de Catar 2022 fue vista por unos 1 500 millones de personas, esta de 2026 rozó los 2 200 millones. Ninguna campaña publicitaria puede comprar algo así: durante semanas, el nombre del país campeón, y sus productos y servicios, ocupan el escaparate del mundo.

¿No será simple efecto de tanta cobertura mediática? Mello lo comprobó comparando a los campeones con los subcampeones, que disfrutan de una exposición casi idéntica: solo los primeros reciben el impulso. El premio es ganar, no llegar a la final.

Del césped a la bolsa

El efecto llega incluso a los mercados. Tras el título de 2010, las acciones de las dos grandes empresas turísticas españolas, Iberia y Sol Meliá, subieron más de lo esperado durante más de tres semanas. Juan Luis Nicolau, autor de un estudio sobre el tema, lo atribuye al refuerzo de la marca España: la victoria hace que el país acuda antes a la mente del turista que planea sus vacaciones.

Aunque conviene no exagerar: análisis posteriores muestran que España fue el único campeón reciente en el que sus empresas turísticas reaccionaron al alza.

La fiebre del fútbol

Hay otro legado menos conocido y sorprendentemente duradero. En Francia, la asistencia a los estadios de la liga creció casi un 20 % el año siguiente al título de 1998 y acumulaba un 46 % tres años después.

España vivió algo parecido tras el Mundial femenino de 2023: las licencias de fútbol femenino aumentaron un 23 % en una sola temporada y hoy superan las 127 000, casi el doble que antes del título. La euforia colectiva se convierte en una afición estable y esa afición en industria.

Este título llega para España en un mejor momento económico que el de 2010, eclipsado por la crisis financiera. Hoy, con una economía que crece por encima de la media europea, el terreno es más fértil para ver mejoras en los ingresos.

Una advertencia de cara a 2030

Distinguir entre ganar y organizar importa porque España será anfitriona del Mundial de 2030. Aquí aparece una paradoja curiosa: organizar apenas renta económicamente, pero sí deportivamente. Jugar en el propio continente mejora la clasificación final en unas tres posiciones y eleva en 12 puntos la probabilidad de llegar a cuartos, y ser anfitrión aumenta la probabilidad de ganar cada partido. Quizá el mejor negocio de 2030 no esté en los estadios ni en los turistas, sino en que la Roja repita título y vuelva a capturar el dividendo del campeón.

La victoria del domingo es, en definitiva, una buena noticia económica para España: mayor PIB durante unos meses, empresas turísticas más valiosas y una afición que crece. Y todo, sin pagar estadios: solo jugando mejor que nadie.

La pregunta que queda abierta es si en 2030, cuando sí le toque pagar las infraestructuas, España sabrá recordar la lección de 2026: lo que de verdad renta no es organizar el Mundial, sino ganarlo.The Conversation


2 comentarios:

  1. No vi absolutamente nada. A las 9 y media estaba ya en la cama. Me despertaron los del bar de abajo ya sabes que la única industria que hay en Cataluña es la del señor Voll Damm, el dios alemán, está en todas partes.
    Se que el que los manda se ha embolsado 2 millones y medio de euros de sueldo, lo ponen los diarios, aparte propagandas.
    Tiene la vida resuelta.

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  2. Espanya, sobretot Barcelona i Madrid, hi han sortit guanyant amb l'augment del turism. A Barcelona un 33%. No sé on els posaran.

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¡Tiling tiling...!
¡Enhorabuena, España! Somos los campeones del mundo en eso de dar patadas a una pelota para meterla en un recuadro con una malla de cuerda. ¡Maravilloso!

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