Tal día como hoy, de hace 20 años, era Viernes Santo. Eran más o menos las ocho de la mañana cuando recibí una llamada desde el centro donde mi madre llevaba 22 meses, prácticamente inmovilizada a consecuencia de un ictus que también le impedía la más mínima forma de comunicarse. No podía hablar y las respuestas a cualquier pregunta eran totalmente incomprensibles.
El día anterior, los doctores la habían sedado ya como piadosa forma de evitarle el sufrimiento después de llegar a una situación irreversible por causa de una isquemia intestinal. Yo había querido permanecer a su lado, pero me lo desaconsejaron, pues su estado era prácticamente vegetativo.
—Ves a casa y procura descansar. Dudamos de que esto se prolongue mucho. Ya te llamaremos.
Y así fue, y entre algo más de las ocho y las doce del mediodía, en dos momentos abrió los ojos y me miró. Solo eso. En un momento dado, alrededor del mediodía, me di cuenta de que ya no respiraba. Llamé a la doctora y le dije:
—Creo que ya está, ya ha acabado.
Hoy hace 20 años. Amable de nombre, hija de Finisterre y una familia de pescadores por generaciones, devolvió a la vida el préstamo que recibió durante ochenta y seis años.
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bitácora

Poco puedo decir; una madre es una madre y es insustituible.
Bien por traerla hoy por aquí para que la recordemos .
Un saludo
Un recuerdo como este es un homenaje. Todo hijo agradecido debe tenerlo. Por cierto, conozcoo aquí a un hombre que se llama Amable.
Ets un bon fill, es d'agrair que l'hagis portat avui aqui, mentre els recordem, els sessers estimats no moren del tot.
Pues... mis sinceras condolencias con carácter retroactivo.
Es humano -y creo que nos hace mejores- recordar a los que se fueron.
Salud.
Merecido y sentido homenaje que también te engrandece a ti.
Un abrazo Ricard.