Obsolescencia generalizada

Empiezo a sospechar que cada vez más cosas se sujetan a la obsolescencia programada (o no programada). Y "cosas" quiere decir, cosas que no son cosas, objetos o artilugios. Cosas quiere decir mucho más. Por ejemplo, matrimonios. Al parecer y según me cuentan, hubo un tiempo en que las parejas, se esforzaban en "reparar" sus dificultades amorosas. Hablaban, consultaban, se ofrecían un tiempo de reflexión y muchas veces todo esto, los conducía hacia un restablecimiento de su relación con más o menos éxito; en ocasiones total. 

Pero hoy en día, nos encontramos con lo más parecido a la restitución de un teléfono móvil o a la reparación de nuestros automóviles. El teléfono ya se compra con la previsión de que durará unos pocos años. Dejará de actualizarse y su programario quedará anticuado. Su batería perderá eficiencia y acabará inservible. Parecido es lo que ocurre con tu auto. El taller lo coloca en una máquina de diagnóstico y a los 30 segundos te dicen que pieza habrá que cambiar, cuanto tardaré en llegar y que te costará la broma.
Hoy, las parejas no arreglan nada; se cambian y listo. ¡Y... ojo! Los hijos de momento se salvan, pero no del todo. Cuantos quedan relegados a un segundo plano, cuando aparecen los de la nueva pareja.
Este mundo es un asco.
Ricard

Caminando hacia los ochenta o hasta que la vida quiera. Esto es solo una distracción, así que me lo tomo en serio, pero solo lo imprescindible. Pasémoslo bien.

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