Lo que resulta realmente jodido del hecho de hacerse mayor, es que no hay marcha atrás posible.
Y no la hay, por mucho que intenten venderte películas de colorines. Se trata de un proceso que comienza mucho antes de lo que generalmente se suele creer. Nos caracteriza una forma de obsolescencia provista de una programación irreversible que según algunos, comienza alrededor de los 28 años de edad y que en opinión de otros, comienza alrededor de los 40 - 45 años.
No vamos a discutir por eso. Cuando ya has pasado por esas décadas, lo único que importa es la «velocidad» del programa y no cuando empezó.
Y esa es otra; la velocidad del deterioro programado se parece a la expansión del universo. Una velocidad de expansión que se acelera. Dicen los astrofísicos que esa aceleración llegará a un punto en que supere la velocidad de la luz. Eso significa que un determinado objeto se alejará tan rápido que su luz nunca nos podrá llegar y el resultado será una noche absolutamente negra y vacía.
Y algo parecido le pasa a nuestras células. Las partículas salvadoras, envueltas en las cápsulas de nuestras medicinas, ya no serán lo suficientemente rápidas como para alcanzar la velocidad del deterioro orgánico.Y, por lo tanto, ya no hay marcha atrás posible. Creo que lo más inteligente es, aceptarlo y prepararse. Y, verdaderamente importante, es entender que aceptación y resignación, son dos cosas muy distintas. Apuesto por la primera.
Tags:
reflexión

Mira, una manera de consolarnos tras el sueño de la vida es convencernos y sentirnos de que somos parte de un Universo, próximo y expansivo, que nos tocó ser esto humano en lugar de una roca o un miembro de otra especie. A mí me consuela más esto que la fantasía malsana de que hay otra vida y un dios que nos acogerá y no sé cuántas imágenes más, pero bueno si ayudan al buen morir, que decía el otro, agárrate a lo que tengas a mano en tu magín. Pero prepararse hay que prepararse, hermano, y no me refiero a lo de estar en gracia y libre de pecado, que nos va a dar igual.