El discurso de las ovejas

Ya sé que no es algo que le importe a nadie; o sí, no estoy seguro.
El caso es que si no lo cuento, reviento. No en balde este blog es bitácora y como tal refleja cuestiones esencialmente personales.
Y se trata de que pocas cosas me producen más repugnancia (intelectualmente hablando) que observar a gente capaz de subyugar su propia opinión con tal de defender la de sus amigos, sea esta acertada o equivocada; coincida con la suya, o no. Personas capaces de convertirse en terraplanistas (ejemplo) con tal de defender la opinión de su amigo, cuando en verdad, si fueran auténticas amistades, deberían subrayarle el error y conducirle hacia el acierto. Pero no; no ocurre. Muy posiblemente por algún interés estúpido. Y cuando lo percibo, me siento desarmado.

Es una especie de mezcla pastosa entre el amiguismo y el gregarismo, sazonada con una pizca de idealismo sindicalista. Algo que me recuerda aquellos juramentos infantiles que daban forma a «las pandillas» pero que, en edad adulta, ya no tienen sentido.

Ricard

Caminando hacia los ochenta o hasta que la vida quiera. Esto es solo una distracción, así que me lo tomo en serio, pero solo lo imprescindible. Pasémoslo bien.

3 Comentarios

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