Japón tembló de nuevo.

Imagen genérica sobre el evento creada con AI


Un terremoto de magnitud, en principio 6.8 y que la Agencia Meteorológica de Japón eleva hasta 7.1, sacudió la isla de Kyushu, en el suroeste de Japón,  el día 28 de julio a las 16:27 hora local, provocando que más de 150.000 personas tuvieran que ser evacuadas. Kumamoto, una urbe con más de 700.000 habitantes, ha sido la más afectada. El terremoto ha captado de inmediato la atención de la comunidad científica internacional debido a sus complejas características geológicas.

Aunque el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) fijó la magnitud de momento en 6.8, la Agencia Meteorológica de Japón reportó una magnitud local de 7.1. Esta discrepancia responde al uso de diferentes metodologías de cálculo, ya que el USGS mide la energía total liberada en la falla física, mientras que la escala nipona evalúa la intensidad del temblor en la superficie cercana. Ambos parámetros son complementarios para comprender la naturaleza de este movimiento de tierra.

La razón por la que la comunidad científica considera que este fenómeno ha sido inusualmente raro reside en la placa tectónica donde ocurrió el choque. La isla de Kyushu se ubica en el choque entre la Placa del Mar de Filipinas y la Placa de Eurasia, un proceso de subducción que genera el 90% de los sismos marinos del país. Sin embargo, este temblor se originó a más de 100 km por debajo de la masa continental. Pero el comportamiento tectónico en tierra firme evitó la formación de un maremoto destructivo, a pesar de que las autoridades emitieron una alerta preventiva de tsunami que retiraron pasada una hora. Como la ruptura no desplazó el fondo marino, el agua no generó grandes olas. No obstante, los científicos advierten de que un movimiento sísmico interior todavía podría entrañar riesgos indirectos, como los deslizamientos de tierra hacia el mar, los cuales sí pueden generar olas gigantes.

El impacto destructivo del movimiento telúrico ha sido mitigado gracias a la avanzada tecnología de prevención con la que cuenta Japón. El país nipón sufre cerca de 1.500 sismos anuales y ha perfeccionado sus protocolos tras eventos trágicos pasados. Los trenes bala detuvieron su marcha de forma automática al detectar las ondas sísmicas, evitando descarrilamientos masivos mediante una red de alerta temprana que avisa a la población en cuestión de segundos.

A pesar de estas sólidas medidas de ingeniería antisísmica, las labores de rescate continúan en Kumamoto tras los destrozos reportados en varios edificios comerciales. La inversión continua en infraestructuras adaptadas explica por qué un temblor de tal intensidad en una zona densamente poblada no se ha cobrado un número mayor de víctimas mortales (18 hasta el momento), demostrando nuevamente la efectividad de los sistemas de respuesta ante desastres geológicos en el territorio japonés.

Nota: Este artículo se ha confeccionado basándose en diferentes fuentes informativas de las que quiero destacar National Geographic. La fotografía no es una captura real. Es solo ilustrativa y ha sido generada con inteligencia artificial.
@noxeus

Ricard Pardo.
Blogueo sobre aquello que me interesa, lo que me inquieta y mueve mi curiosidad. Aunque en este perfil dice otra cosa, llevo en Blogger (con otra ID) desde Abril de 2006.
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