Se nos va Abril 2026. Son muchos abriles ya desde el principio de nuestra era, a la que solemos señalar como DC o después de Cristo.
Nazareno, dicen; cisjordano, digo. En cualquier caso, hoy sería una víctima, a la que posiblemente no matarían en una cruz, sino con un dron cargado de explosivos.
Y visto el panorama, uno piensa que 2026 abriles no han sido suficientes para que en el fondo de la naturaleza humana —se supone que evolutiva— haya sucedido algún cambio. Si lo hay, habrá sido alguna sutileza en la forma. Poco más.
Y la próxima madrugada, sacará la nariz el bienaventurado mes de María, también conocido como Mayo. El mundo cristiano, siempre falto de originalidad, dedica este mes a una virgen; una clara imitación de la antigua tradición que dedicaba Maius a la diosa Maya (Maia) diosa de la fertilidad.
A pesar de haber recibido una educación en colegio católico y mariano (maristas), dejé de lado las creencias y me convertí en observador imparcial. Unos dicen que agnóstico, otros que ateo y yo digo: Déjate de etiquetas, que no hacen ni puñetera falta. Simplemente, una persona incapaz de aceptar como verdades absolutas las afirmaciones indemostrables, que para otros, lo son (verdades). Y aunque algunos no estarían de acuerdo, sé que eso no me convierte en mejor ni peor persona. Y no me duelen prendas en reconocer la enorme fuerza e influencia que tiene aquella educación. Una influencia que uno, debe gestionar el resto de su vida. Algo a tener en cuenta.
En la inocencia de aquella infancia, acostumbrábamos a escoger la mejor estampita de la Purísima Concepción de María y le preparábamos un lugar destacado en la mesita de noche, con flores a cada lado que recogíamos y renovábamos durante el mes de mayo. Luego, ya en el colegio, aquel canto solemne, devocional y sentido.
Y con suerte, durante este mes, en tus labores de monaguillo, Mossen Martiría no te metería mano y dejaría tu culo en la paz de los justos.
Venid y vamos todos, con flores a porfía...
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Pero qué sosita la niña del vídeo. Lo cantábamos con mucha más porfía en mi tiempo, claro que no eran voces tan insulsas, y eso que yo cantaba en el coro. Lo mejor de aquellos mayos marianos: que a continuación venía junio y seguidamente las vacas. No, la santa madre no cambiará nunca y encima le crecen los enanos, pero este tema de los enanos para otro día.
PD. Yo fui de la congrecación mariana, antes de los cruzados eucarísticos, que no de la causa, los de la causa vinieron después, y mucho antes de una del niño jesús. Que tengo caché, compa, o mejor dicho, currículum y ganado el caelum in terra.