Hola Yoru.
Estoy contento de que te vas reponiendo de ese catarro tan bestia que has pillado. "El moco agarrao" como lo llamas. Pero déjame decirte que eres un "caguetas". Que tu hermano muriese de una neumonía, no debería significar que ahora cada vez que tienes tos, pienses que te va a provocar una embolia pulmonar y que te vas a ahogar en tus propios fluidos. Vive tranquilo, chico. Aún nos queda tela por cortar.
Por cierto, ¿tú eres de los que creen que hay que caer bien a todo el mundo?
—No lo sé Okanu. No estoy seguro de que valga la pena esforzarse en conseguirlo. Tengo la impresión de que en ocasiones, tratar de conseguirlo nos aboca a comportarnos como realmente NO somos y caemos en una especie de terreno donde se cultiva la hipocresía. Creo que es más natural y lógico comportarse como uno es y ser capaz de pedir disculpas cuando notas que incomodas al otro. Incluso hay que tener la valentía de preguntarlo. Y es que me temo que en demasiadas ocasiones, caer mal a alguien, depende más del "Sr.Alguien" que de ti mismo. Deberíamos ser capaces de aceptar a los demás tal y como son y también tratar de no olvidar que aquello que más nos molesta de los demás, suelen ser nuestros propios defectos que vemos en los demás, como si fueran un espejo de nosotros mismos. O eso dicen los psicologos.
—Vale. Comprendo lo que dices y también pienso que lo tengo difícil. Siempre soy el rarito del grupo.
—No te comas el coco. Eres peor que yo con mis hipocondrías. Tú, eres como eres. Lo suelo decir como si de un eslogan se tratara:
Somos únicos e irrepetibles, por mucho que nos parezcamos los unos con los otros. Únicos e irrepetibles; sin duda muy mejorables, pero únicos.

Si te sirve de consuelo, el mundo huele cada vez peor.
Y ahora en serio, espero que te hayas recuperado de ese poquito de Covid y que te vaya volviendo el olfato.
A mí antes me preocupaba caer bien, tengo que reconocerlo, pero hoy en día es algo que no me importa, mejor dicho, creo que no es algo que debamos imponer y como bien dices, intentar cambiarlo, muchas veces nos convierte en alguien que no somos.
Un beso, Ricard.
Y otro para Okanu, faltaría más