Al recogerme en silencio y sentarme a meditar, siento una nostalgia tan grande por las cosas pasadas y que ya no existen, que ya casi no la puedo soportar. También, a la hora en la que todos duermen, para distraerme en las largas noches, saco y ordeno todos mis enseres, rompo los apuntes que no quisiera dejar y, entre ellos, a veces encuentro papeles de alguna persona que ya no existe, aquellos donde hizo ejercicios de caligrafía o pintó, para distraerse, algún dibujo. Entonces reviven en mi corazón los sentimientos de hace muchos años. Cuando se trata de alguna carta escrita por alguna persona que todavía vive, pienso en el tiempo transcurrido desde que la escribió, en el día u ocasión en que la recibí, en el año que sería, etc. y me invade la emoción.
Y al detener la vista en ciertos objetos usados por esas personas que ya no existen y ver que éstos siguen existiendo, impasibles, siento mucha tristeza. (Y.Kenko)
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