Según las teorías de ese cipanji (Cipango es el antiguo nombre de Japón) que vive en mis espejos y que indudablemente está perdiendo la chaveta por momentos, las protuberancias traseras de los seres humanos, las nalgas, tanto en hombres como en mujeres, tienen un sentido, una función, un porqué. Veamos que dice:
Muy querido hermano: Es un error de diseño —que sería imperdonable en un urbanista— colocar "las zonas de recreo" justo al lado y muy próximas a las cloacas. Eso jamás se haría, por ejemplo en jardines públicos. Pero bueno, el diseñador, no lo ha hecho todo mal: Es evidente que lo realmente importante en esta zona, son los orificios, pero está muy bien pensado rodearlos de una gran masa carnosa, hermosamente magnificadas en las hembras, con el único propósito de que cuando os sentáis en las tazas del inodoro, no os escurráis cayendo en el interior. Otra cosa más difícil de aceptar —sigo hablando de diseño— es, en los machos, ese pingajo flácido y poco controlable con el que acabáis dejando la citada taza, hecha un asco.La modelo se llama Sara Croce, pero no sé quién es el fotógrafo.
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Precisamente en el vídeo de Millás y Arsuaga que el otro día Frances compartió en tu blog hablaban de la funcionalidad de las nalgas, y llegaban a la conclusión que eran sólo para atraer. No lo sé, porque contradiciendo el consejo de mi madre (me decía que siempre hay que mirarle el culo a los hombres) yo nunca reparo en esa parte del cuerpo. Así me fue, también hay que decirlo.
Entretenida la teoría de Okanu
Bicoss