Creando soledades


Está bastante claro que la imagen quiere ser un canto a la soledad del urbanita. Probablemente una de las soledades más lesivas posibles. Nada provoca más sensación de soledad que verse envuelto de multitudes que te resultan ajenas y desconocidas; nada más inquietante que la vacuidad de un espacio arquitectónico en el que solo ves tu sombra y tu reflejo. En la naturaleza esas sensaciones son muy diferentes.

Y, sin embargo, la imagen que te presento es solo un montaje. El editor deja suficientes pistas al alcance del observador para detectar la artificialidad. Técnicamente, no presenta grandes dificultades y se trata de un conjunto de geometrías repetidas y unidas convenientemente. Cortar y pegar o copiar y pegar no tiene complicación. Solo es cuestión de paciencia. Una paciencia mínima, si comparamos el proceso -totalmente digital- con el que transcurre para finalizar una pintura.
Si bajamos hasta la cuarta planta (empezando por arriba) nos encontramos con una silueta humana que procede de otra imagen y pegada en ese lugar. Si ahora bajamos hasta la décima (también desde arriba), vemos como el autor (editor) colocó la misma figura, pero luego se arrepintió. Dejó un rastro. Si el observador se fija, también podrá ver patrones repetitivos sutiles, en las zonas obscuras de las mismas plantas.






 

Ricard

Caminando hacia los ochenta o hasta que la vida quiera. Esto es solo una distracción, así que me lo tomo en serio, pero solo lo imprescindible. Pasémoslo bien.

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